En octubre, en el taller en vivo de Protección Solar Natural, elaboramos un protector hermoso. La misma fórmula que hacemos en la edición actual del Curso.
Fue el que usamos casi todo el verano.
Hasta que un día, de vacaciones, mi hijo lo tiró al piso.
El frasco era de vidrio.
Se hizo trizas.
No tenía mis insumos.
No podía formular otro.
Y un día entero de playa por delante.
Tuve que salir a comprar uno de urgencia.
No encontré ninguno ecológico ni bio.
Sabía que no iba a encontrar algo 100% alineado con lo que me gusta.
Pero encontré uno con filtros minerales.

Este decía en grande:
“Filtro mineral”
“Vegano”
“No testeado en animales”
“Con vitamina E”
“Con glicerina vegetal”
“Fórmula familiar”
Y prometía en medio de un corazón: “Respetuoso con el océano”.
Leí rápido la etiqueta.
También tenía otras sustancias que no me encantaban.
Pero en ese contexto y entre todos los que habían, elegí lo que me pareció el menos peor.
Estas cosas pasan.
“Nunca digas nunca” porque la vida se encargará de flexibilizarte y poner a prueba tu creatividad.
Ahí confirmé algo que siempre me acompaña:
la información es poder.
Porque no siempre vas a tener la opción perfecta.
Pero si entendés los ingredientes, podés elegir mejor incluso en contextos donde no se dan todas las condiciones que nos gustarían.
Una cosa es copiar recetas.
Otra muy distinta es tener autonomía.
Este protector lo usamos.
Pero: Sea el protector que sea no lo usamos SIEMPRE Y A DIARIO. Sólo en horas críticas, combinado con sombra, gorros y ropa para protegernos. Limitando los horarios de exposición al sol.
Cuando pude mirar la fórmula con calma e investigar mejor… encontré más cosas.
Porque viste que son tantos ingredientes y que la letra es ínfima e ilegible.

Además de los filtros minerales, había filtros químicos como el Ethylhexyl Methoxycinnamate – sospecha de disruptor endócrino y tóxico para los corales – y el Diethylamino Hydroxybenzoyl hexyl benzoate – derivado del petróleo, biodegradable -.
–Ingredientes etoxilados – el Cetheareth-20 y el Ethylhexyl triazone -derivado del petróleo, biodegradable- .
–Sustancias cuestionadas por su impacto ambiental – Trimethylpentanediol/adipic acid/glycerin crosspolymer – derivados del petróleo -, la Diazolidinyl Urea – liberadora de formaldehído, el Acrylates/C10-30 Alkyl acrylate crosspolymer -derivado del plástico, impacto ecológico.
-Algunos compuestos con potencial disruptor endocrino.
-Conservante que no es parabenos pero es igual de tóxico. Como el PHENOXYETHANOL. Es tóxico para el sistema inmunitario y puede provocar irritaciones y reacciones alérgicas.
Y para mi sorpresa el filtro mineral que sí había leído en la etiqueta, el DIOXIDO DE TITANIO que usa esta marca es NANO. Es decir “Nanopartículas”. Lo cual está penalizado por ser potencialmente irritante o alergenico. Es cierto que el dióxido de titanio es un filtro mineral que es algo natural y apto en cosmética natural, pero para ser saludable como intenta prometer este producto debería ser “NO nanopartículas”.
y puedo seguir, pero no quiero abrumarte.
Todo legal.
Todo aprobado (Lamentablemente).
Pero tampoco tan “mineral”, ni tan “vegan” como prometía el frente del envase.
Y algo más que confirmé mirando esta fórmula:
Muchos de los ingredientes que aparecen en este tipo de protectores no son imprescindibles.
Están ahí para estabilizar fórmulas industriales, abaratar costos o responder a tendencias del mercado.
Cumplen funciones que en cosmética natural podemos lograr con ingredientes mucho más simples, nobles y fáciles de trabajar en casa: aceites vegetales adecuados, antioxidantes naturales, emulsionantes suaves y activos botánicos bien elegidos.
Cuando entendés qué función cumple cada ingrediente podés elegir opciones más coherentes con tu salud y el ambiente.
Y acá está lo importante:
No siempre vas a tener la opción perfecta.
Pero cuando entendés cómo leer una etiqueta, la historia cambia.
Porque el marketing grita para que compres.
La lista INCI informa para que elijas.
Ese día confirmé algo que comparto siempre:
La información no es para juzgar.
Es para elegir mejor, incluso cuando el contexto no es como nos gustaría.
Algunos aprendizajes de esta experiencia:
1- Quien se educa e informa, tiene autonomía.
2- El greenwashing es un hecho cada vez más fuerte, debido a la cada día más potente moda de la “cosmética natural”. Esto es bueno porque la gente está eligiendo más saludable, pero tenemos que estar cada vez más atentas porque aparecen los oportunistas que buscan cómo engañarnos.
3- No podés ser engañada si tenés conocimientos sobre el tema.
4- Tener información sobre ingredientes cosméticos es darle bola a tu salud. Ocuparte, no preocuparte.
5- Como seres humanas en contextos de maternidad, de situaciones límites, hacemos lo que podemos con lo que tenemos. Dejemos la culpa de lado y entendamos que nuestra salud es la suma de acciones y elecciones diarias. Y no de usar un producto una vez cada tanto.
En el curso de Protección Solar Natural no solo aprendemos a elaborar un protector solar.
Aprendemos a:
– Diferenciar filtros físicos y químicos.
– Detectar ingredientes etoxilados.
– Identificar disruptores hormonales frecuentes.
– Entender qué evitamos en cosmética natural y por qué.
Porque copiar recetas es fácil.
Pero tener información te da criterio propio y es lo que te lleva a la libertad.
Si querés aprender a leer un protector solar y entender realmente qué estás comprando, podés sumarte acá:
👉 [Curso de Protección solar natural]
Con honestidad,
Anabella 🌿
